Por Rafael
Publicado: Noviembre 17, 2009
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La idea de crear este campeonato comenzó a mediados de los años ochenta cuando Saab USA, interesada en explotar la imagen deportiva de su motor turbo, escuchó que Skip Barber Racing estaba preparando un campeonato de monoplazas que competirían en los mismos fines de semana en los que habría carreras del entonces popular campeonato IMSA. Skip Barber pensaba usar motores Dodge para los monoplazas, pero cuando Saab USA le planteó la utilización de motores similares a los del 900 Turbo, mucho más potentes, aceptó. Los chasis tubulares Mondiale fabricados en Irlanda estaban derivados de los Formula Ford 2000, lo que aseguraba su ligereza, sencillez y bajo coste. Incluso para abaratar gastos los neumáticos empleados eran “de calle”.

Saab suministraba motores y piezas de recambio a Skip Barber, e incluso enviaba ayuda técnica en forma de un ingeniero que viajaba de Suecia a EE.UU frecuentemente para solventar posibles problemas. Los motores dos litros turbo y dieciséis válvulas “Serie H” procedían de los 900 y 9000 de serie, con algunas modificaciones: incremento en la presión de turbo, eliminación del catalizador, escape de competición y sistema de lubricación por cárter seco. Todo ello elevaba la potencia a 225 CV, que propulsaban estos ligeros monoplazas (peso de 500 Kg.) a una velocidad máxima de 265 km/h. Los alerones delantero y trasero podían regularse dentro de un pequeño rango y con el tiempo los neumáticos utilizados pasaron a ser slicks. El mantenimiento de los monoplazas se realizaba por parte de los propios mecánicos de Skip Barber Racing, es decir, que ni siquiera existían equipos de competición: cada piloto inscrito tenía un mecánico disponible en exclusiva para su coche. La cuantía de los premios repartidos en cada carrera era abundante y se aseguraba de que todos los pilotos pudieran al menos cubrir parte de los gastos de participar en esa carrera.  El éxito de la Barber Saab Pro Series a finales de los ochenta se debió a varios factores: la igualdad total entre los monoplazas, sus buenas prestaciones, lo asequible que era competir una temporada completa, la cobertura televisiva de la que disfrutaba (gracias a su condición de “telonero” de otros campeonatos como la IMSA, la cadena de televisón ESPN retransmitía la mayoría de las carreras) y la adecuada organización. Había además otro motivo: la gran fiabilidad de los motores Saab. De hecho, en 1986 no se dio un solo caso de avería mecánica grave en ninguno de ellos, lo que empujó a la marca a seguir empleándolos en la temporada 1987. Una longevidad mecánica poco usual en competición. Sin embargo, tras la adquisición de la mayoría de las acciones de Saab por parte de GM en 1990, el apoyo de la marca a Skip Barber Racing fue cada vez más reducido, hasta el punto de que en la temporada 1991 apenas cedía los motores. Poco después el acuerdo terminó y Skip Barber decidió usar nuevos monoplazas con chasis Reynard de fibra de carbono, caja de cambio secuencial y motor Dodge V6, bastante más caros. El campeonato no cuadraba con los planes del nuevo departamento de Marketing de Saab/GM, a pesar de que la notoriedad conseguida fue muy alta y que el presupuesto anual empleado fue similar al coste de unos cuantos anuncios en revistas del motor. Afortunadamente aún podemos disfrutar de algunas de las carreras de la Barber Saab Pro Series viendo las grabaciones colgadas en Saabhistory
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